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TÍTULOS • Protección histórico-arquitectónica de la Catedral • Disputa judicial y ambiental en Parque Varisco • Moratoria para declarar mejoras edilicias Reunión para coordinación de programas de PAMI Ex Leona es madrina de cancha en el Rowing Club
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  • AYER | Relatos  
     

. En el sesquicentenario de la Bula de erección
del Obispado Paranaense
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. El sesquicentenario de la Bula de erección
del Obispado Paranaense
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Días atrás se recordó su labor pastoral desarrollada a comienzos del siglo XX

. Un beato que vivió y obró en la ciudad (ver +)

El Parque Urquiza fue el escenario elegido para la difusión del automovilismo

. La Gavea Argentina (ver +)

La última del Chueco en el Turismo Carretera

. Cuando Fangio emocionó a Entre Ríos (ver +)

El cómico argentino que conquistó a varias generaciones
. Luis Sandrini dejó su rastro grabado en Paraná
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. La Meca del sóftbol nacional (ver +)


 
. En el sesquicentenario
de la Bula de erección
del Obispado Paranaense


El sábado 13 del corriente se cumplirán ciento cincuenta años de la emisión del solemne documento pontificio por el que se creó la Diócesis de Paraná, la historia de cuyos antecedentes y gestación nos es posible conocer gracias a la detallada relación hecha por quien —amén de concebir la idea (1)— bregó incansablemente por su concreción:
el Deán Juan José Nepomuceno Álvarez (1820-1892) (2).
   
     
 
Fueron los padres de este destacado sacerdote paranaense, de relevante actuación pública, el portugués José Álvarez —que emigró con la corte lusitana al Brasil— y la porteña Da. Agustina Guaz (3).
Según relata, ya en 1847 —mientras estudiaba en la Universidad de Buenos Aires— planteó el tema en una amistosa reunión privada con los canónigos doctores José León Benegas y Felipe Elortondo y Palacio (luego Dean de la Catedral Metropolitana) y el jurisconsulto doctor Eduardo Lahitte, durante la cual —luego de un concienzudo tratamiento— se coincidió en que no era el momento oportuno para proponerlo públicamente.
Vuelto a Paraná en enero de 1850 —después de una ausencia de diez años, producida por la carrera literaria y eclesiástica, que había seguido y abrazado con toda libertad y vocación” (4)— fue invitado por el general Justo José de Urquiza a visitarlo en San José, hacia donde viajó con su padre, sus hermanos Francisco Solano y Felipe Benicio y su amigo José Ruperto Pérez, llevando una carta de recomendación y salutación del Obispo Dr. Mariano Medrano y Cabrera. Al entregársela, Urquiza le informó que anualmente remitía a dicho Obispo —en nombre del pueblo católico de Entre Ríos, como parte de sus diezmos— la suma de $1.000, circunstancia que fue aprovechada por Álvarez para imponerlo de su proyecto —fundándolo en que desde la muerte del Obispo Lué y Riega (24 de marzo de 1812) “los habitantes de estos pueblos eminentemente católicos, no habían recibido la bendición Episcopal de su legítimo Pastor” (5)—, idea que al anfitrión le pareció “muy bien y muy justa”, agregando que, una vez derrocado Rosas, era su intención normalizar las relaciones diplomáticas con la Santa Sede.
Luego del Pronunciamiento, fue llamado nuevamente por el gobernador, se entrevista con él en Calá y viaja con Diógenes de Urquiza a Montevideo, ciudad en la que se reúne con el Cónsul Romano D. Salvador Jiménez —a quien le entrega una carta semioficial de D. Justo José sobre el tema del Obispado— y con el Vicario Apostólico de la Rodela, Dr. D. Lorenzo Fernández, obteniendo de ambos la seguridad de que se iniciará un expediente informativo privado apoyando la propuesta, que será elevado al Sumo Pontífice.
El 20 de noviembre de 1853 Urquiza recibe de manos del mencionado Cónsul Romano un precioso medallón labrado en piedra carniola con el busto de Jesús, enviado por Su Santidad Pío IX en testimonio de paternal amor y distinción, lo cual es comunicado al Soberano Congreso General Constituyente mediante nota fechada en San José un mes después, adjuntando las letras y todos los objetos recibidos inventariados, solicitando asimismo permiso para usar el medallón sobre su hábito oficial “pendiente al cuello” (según expresa el Pontífice), se autoriza el 29 del mismo mes.
Luego de su instalación en Paraná, el presidente Urquiza, solicitó al Senado una terna para ocupar los obispados de Córdoba, Salta y San Juan de Cuyo, la que es elevada a Roma conjuntamente con la solicitud de un Vicariato Apostólico y —consecuentemente— la erección de un nuevo Obispado. El Papa —motu proprio, como es habitual— designó a los propuestos, nombró Delegado Apostólico en la República Argentina al Arzobispo de Palmira y Doctor en ambos Derechos, Monseñor D. Marino Marini, quien —luego de manifestarle a Urquiza que había sido enviado para satisfacer sus religiosos anhelos— constituyó canónicamente por Decreto del 4 de agosto de 1854 el Vicariato Apostólico Paranaense (formado por las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, provisionalmente desmembradas de la Diócesis de Buenos Aires). Comunicado que ello fue al Obispo Mariano José de Escalada, ordenó éste al notario Eclesiástico N. Oliveira la entrega de los documentos de las tres provincias al Canónigo Alvarez, para su traslado al nuevo Obispado, lo que así se cumplió. En fecha 4 de agosto de 1858, el Delegado Papal designó primer Vicario Apostólico Paranaense al Canónigo Honorario Licenciado D. Miguel Vidal —quien nombró al Dr. Álvarez su primer Provisor y Vicario General—, acordándose con el Presidente de la Nación y su Ministro de Culto (Dr. Juan del Campillo) la fecha del 15 del mismo mes —a la hora 11— para la solemne ceremonia de instalación del Gobierno Eclesiástico Provisorio del nuevo Vicariato.
Del original, en una gran hoja de pergamino, del acta respectiva (cuya redacción le fue encargada al mismo Álvarez) resulta que el día y hora señalados —hallándose presentes Mons. Marino Marini (“bajo dosel y en vestidura episcopal” ), el “Excmo. Sr. Presidente y Capitán General de la República Argentina ” y el Vicepresidente de la misma (Dr. Salvador Ma. Del Carril), los señores Ministros (del Interior, Dr. Santiago Derqui; de Hacienda, Dr. Elías Bedoya; de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Dr. Juan del Campillo; de Guerra y Marina, General Miguel Galán), “El Excmo. Sr. Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario Dr. D. José Manuel de Amaral” (del Imperio de Brasil), “El señor Canónigo Licenciado D. Miguel Vidal, con hábito de Protonotario Apostólico”, “el Clero y demás notabilidades del país”, “con asistencia de numerosos fieles y del infrascripto Notario Eclesiástico de esta Curia” (Domingo Balugera)— se examina y aprueba la autenticidad del Breve de fecha 4 de agosto del Delegado Papal y del exquatur del Gobierno Argentino, dando lectura a aquel documento el Presbítero Luis Marsoa (“desde el púlpito en clara e inteligible voz, y en lengua latina y española.” ) y que el Vicario Apostólico efectúa, arrodillado, la “protestación de la fe” (“según la fórmula de Nuestro Santísimo Padre Pío IV (de eterna memoria”) prestó el juramento de costumbre, tocando los Santos Evangelios” ), siendo puesto en “posesión real, actual, corporal y cuasi” del cargo y“tomando asiento en el sillón colocado in cornu Evangelio”, rindiéndole todos los eclesiásticos “el debido homenaje de obediencia y respeto, besándole la mano.” Y que similar rito cumple el Provisor Monseñor Álvarez para su toma de posesión, finalizando la ceremonia con la entonación —por parte del Diputado Nacional Presbítero D. Severo Soria— del Te Deum laudamus “en acción de gracias por este feliz acontecimiento.” En el cierre del documento se expresa: “Y para que todo así conste”, firman “como testigos presenciales” : los señores Senadores y Diputados al Congreso de la Confederación, los señores Vocales —en funciones y electos— de la Corte Suprema de Justicia, otros magistrados y funcionarios nacionales, el vicecónsul del Brasil, miembros del clero y numerosas personalidades (entre las que figuran los siguientes apellidos de Paraná: Auli, Ballesteros, Baucis, Calderón, Carbó, Comas, del Castillo, Espeleta, Fernández de la Puente, Icart, Núñez, Parera, Puig, Sola y Zapata).

• NOTAS
(1) “ ...promoví muchas veces la discusión sobre la necesidad y conveniencia religiosa y poíitica, que había de erigir una nueva Diócesis, y que debían constituirla las importante provincias de Santa-Fé, Entre-Rios y Corrientes”, afirma “Monseñor Juan José Alvarez Dean de la Catedral del Paraná” en la obra que se mencionará, y cuyas transcripciones —en letra cursiva y entre comillas— se efectúan respetando estrictamente la ortografía y puntuación utilizadas.
(2) Se trata de la “Memoria histórica sobre el orígen que tuvo la Diócesis del Paraná” (Paraná – Tipografía y encuadernación “La Velocidad” – 31 - San Martín - 33 – 1889).
(3) Su hermano José Dionisio Álvarez Guaz casó con Da. Bonifacia Álvarez y de los Santos —hija de D. Antonio Álvarez (fuerte comerciante de Paraná, dueño de un molino de harina) y de Da. Mercedes de los Santos (hija de Antonio de los Santos, hijodalgo español, radicado en Santa Fe a fines del S. XVIII)—, dando origen a la familia Álvarez y Álvarez de Paraná, de la que descienden las de Álvarez Daneri y Moritán Álvarez (emparentadas —por la de de los Santos— con las de Fernández de la Puente y Aldao, de Santa Fe).
(4) “aprovechando las vacaciones, y las clausuras periódicas de la Academia Teórica-Práctica de Jurisprudencia, que presidía el eminente patricio y jurisconsulto doctor don Vicente Lopez, Presidente de la Corte Suprema de Justicia, y autor de la canción «Libertad».”
(5) Llama la atención esta frase del docto sacerdote, ya que —pese a la inicial postura adoptada por el Papado, de franco recelo hacia las nuevas repúblicas hispanoamericanas— en el Consistorio del 15 de diciembre de 1828 fueron nombrados Obispos in partibus infidelium —como era usual en tales casos— de Taumaco y de Aulón y asimismo Vicarios Apostólicos de Cuyo (desmembrado de Córdoba) y de Buenos Aires, respectivamente, Fray Justo Santa María de Oro y el ya mencionado Monseñor Dr. Medrano, quienes fueron designados Obispos de tales diócesis en 1834 y en 1832, por lo cual no parece razonable insinuar duda alguna acerca de la legitimidad y plenitud de sus potestades.
(Fuente El Diario)

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  . El sesquicentenario
de la Bula de erección
del Obispado Paranaense


El 13 de junio de 1859, S. S. Pío IX expidió la Bula erigiendo la nueva Diócesis, comprensiva de las tres provincias, la que fue ejecutada por el Delegado Apostólico “en la Ciudad de Paraná, en el Palacio de la Delegación Apostólica el día 23 de octubre” de dicho año mediante un Decreto cuyo inicio reza: NOS. Marino Marini, Patricio de Áscoli, Doctor en ambos Derechos, por la gracia de Dios y de la Santa Sede, Arzobispo de Palmira, y Delegado Apostólico en las Repúblicas del Río de la Plata, Paraguay, Bolivia y Chile, etc. etc.”
   
 
Luego de una reseña de lo acontecido, hasta la expedición —por “Nuestro Santísimo Padre”— de “unas Letras Apostólicas, con el sello de plomo”, se transcribe la Bula, que comienza con la fórmula habitual: “Pío Obispo Siervo de los Siervos de Dios – Para perpetua memoria”.
Después de detallar los antecedentes de la cuestión, se expresa que “hace poco tiempo que el Ilustrísimo Gobierno de la misma Confederación ha enviado, exprofeso, por Embajador ante esta Santa Sede al Señor Ministro Plenipotenciario Nuestro amado hijo Juan del Campillo” a ese fin, agregando que las tres provincias “tienen una estensión de catorce mil leguas cuadradas” y cuyos habitantes componen un número de doscientos ocho mil, aumentándose continuamente, según se Nos informa”, por lo cual “unido a otras graves razones se vé claramente, y en gran manera urge la necesidad de erigir el preconcebido Obispado.”
En cuanto a su sede, se sostiene que debe establecerse“en la Provincia de Entre-Ríos, que se haya situada en medio de las otras dos” en “la Ciudad Civil llamada Paraná, Capital de la Confederación Argentina, adornada por lo mismo de más excelentes prerrogativas, y dotada de las comodidades, auxilios, y otras circunstancias muy conducentes á la residencia Episcopal”.
Luego de otras consideraciones —y “habiendo finalmente pesado con maduro exámen todas las cosas que debían tenerse presente”- el Sumo Pontífice expresa: “De motu propio, de ciencia cierta, y con la plenitud de Nuestra Apostólica Potestad confirmamos para siempre aquella desmembración de las tres Provincias de Santa-Fé, Entre-Rios y Corrientes de la Diócesis de Buenos Aires, que con autorización de esta Santa Sede se hizo ya por el enunciado Marino Arzobispo, de suerte que, para quitar toda causa de duda, y de cuestión ... se reputen, y sean del todo exentas, y perpetuamente separadas de la jurisdicción ordinaria, y superioridad de Nuestro Venerable Hermano el actual Prelado de Buenos Aires y de los que en adelante lo fueren”. Dispone seguidamente el cese ipso facto del Vicariato Apostólico provisorio “luego que el nuevo Prelado de la Iglesia Paranaense que abajo se dirá, haya sido preconizado en el Consistorio Pontificio para obtener aquella Silla, y tomado posesión de aquella misma Iglesia.”
Manifiesta a continuación: “promovemos, y elevamos para siempre, y constituimos en residencia del Obispado ... la referida ciudad Civil del Paraná ... una de las principales de la mencionada Confederación y, no solo por su extension y por su posicion central, sino tambien por sus recursos y la dignidad de sus titulos, muy apropósito para el decoro y rango de una ciudad episcopal” y seguidamente: “Con la misma Apostólica Autoridad adjudicamos para siempre á la referida Iglesia Episcopal como propia Diócesis, las tres arriba mencionadas Provincias de Santa-Fé, Entre-Ríos y Corrientes, comn todas y cada una de las ciudades en ellas existentes, pueblos, aldeas, Parroquias, sus habitantes, terrenos, casas eclesiásticas, y demás accesorios acostumbrados,, sujetándolo todo desde luego, como lo sujetamos perpetuamente con la misma Autoridad, á la jurisdicción administración y gobierno del Prelado Paranaense que por tiempo existe”.
Continúan las Letras con algo poco conocido: recomienda al Gobierno —que, tal cual “lo ha prometido”— “se empeñe en trabajar cuanto antes en el lugar mas á propósito de la misma Ciudad, y en honor del Arcángel San Miguel un nuevo Templo, que, ya por su arquitectura y solidez; ya por su extensión y ornatos, corresponda mejor al honor y dignidad de una Catedral”, instituyendo provisoriamente como tal “la Iglesia Parroquial de la Beatísima Virgen María del Rosario que allí existe (6), la cual se nos dice estar convenientemente provista...mandando que allí por ahora , se erija la Silla Cátedra y Dignidad Episcopal para su Prelado que se llamará Paranaense, el cual gobierne la misma Iglesia, Ciudad., Clero, Pueblo, y toda la Diócesis”, en la que creánse asimismo otras dignidades —un “deanato” y cuatro “canoniatos”— y “un Seminario Diocesano de alumnos eclesiásticos al modo y norma que en otras Diócesis, el cual se ha de administrar segun lo prescripto por el Sagrado Concilio de Trento.”
Se acepta solemnemente luego “la religiosa promesa hecha de propósito á esta Santa Sede por el referido Gobierno Argentino ... que él proporcionará cuidadosa, voluntaria, eficaz y establemente todo aquello que se repute necesario para dichos fines”, mencionándose la compra y adjudicación de “un edificio decente e idóneo cerca de la Iglesia Catedral para habitación del Obispo y su Curia (7), y otro igualmente idóneo y dotado de todo lo necesario para el referido Seminario”, o —en su caso— el alquiler de inmuebles aptos para tales fines.
Tras diversas disposiciones referidas a los estipendios, congruas y prebendas, se declara a la “Iglesia Paranaense sufragánea de la Arzobispal de la Plata” (8), encomendando “al referido Marino Arzobispo, y Delegado Apostólico que proceda á la ejecución de todas las cosas antedichas”, dentro de los tres mese de cumplido lo cual “mande a á esta Santa Sede un ejemplar auténtico del Decreto ejecutorial que haya espedido, para que se conserve en la Secretaría de la Congregacion Consistorial de Cardenales de la Iglesia Romana, para perpétua memoria y norma.”
La Bula —cuyo original está sellado, como corresponde, con el “Sello de Plomo”— concluye: “Dado en Roma en San Pedro el año de la Encarnación del Señor mil ocho cientos cincuenta y nueve, décimotercio de Nuestro Pontificado, el dia trece de Junio”.

• NOTAS
(6) Se trata del templo anterior —cuya construcción, iniciada en 1807, se concluyó en 1829— y que fue demolido en 1883 para dar lugar a la Catedral hoy existente.
(7) El actual Palacio Arzobispal está edificado en parte del terreno donde se hallaba entonces la residencia de D. Ciriaco de Quintana y Quiroga —cuarto abuelo del autor y de otros descendientes de las líneas Zapata-Quintana, Balugera-Quintana e Isasi-Quintana- contiguo a la “Iglesia Matriz” (hoy Catedral) hacia el sur hasta la esquina con la “calle Industria” (hoy 25 de Mayo), por “setenta y tres varas de fondo ” —algo más de 61 metros— por dicha arteria (según consta en el testamento que otorgó el 2 de diciembre de 1856 ante el Escribano D. Casiano Calderón, obrante al folio 272 del protocolo correspondiente. Otra referencia familiar: el Dean Álvarez fue curador ad litem de las hijas menores del salteño D. Toribio Ortiz —Gobernador Interino de Entre Ríos desde el 13 de diciembre de 1831 hasta el 1º de marzo de 1832, fecha a partir de la cual continuó como Ministro General de D. Pascual Echagüe— y de Da. Juliana de la Torre en el sucesorio de sus padres. De este juicio surge que el nombrado presbítero —en ejercicio de ese cargo— vendió al general Urquiza la finca situada en el solar en el que actualmente se halla el edificio del Correo —que D. Toribio había adquirido a la sucesión de su suegra, Da. Isabel Iturri (viuda de D. Antonio de la Torre)—, donde aquél hizo construir su residencia presidencial. Las huérfanas niñas Ortiz eran Da. Rosa Ignacia —bisabuela de quien esto escribe, casada luego con D. José Icart—, Da. Isabel —después desposada con su primo hermano, el salteño D. Federico Ortiz— y Da. Juana Josefa —quien posteriormente contrajo matrimonio con D. Mateo Carbó—, todas con descendencia hasta nuestros días. Consta en aquel expediente que Monseñor Álvarez —al ser notificado el 18 de julio de 1855 de que se le habían regulado $500.- en concepto de honorarios— manifestó que al aceptar “el cargo ...con que lo honraron ... no pretendía ...otra recompensa que la satisfacción de que hoy disfruta de haber contribuido ... a garantizar los derechos e intereses de unos menores tan dignos de su aprecio ... miembros de toda aquella familia distinguida”, por lo que los “renunciaba, a favor de todos los herederos”.
(8) Dicho Arzobispado es el de la llamada “ciudad de los cuatro nombres” de Bolivia, ya que —fundada con el de Villa de la Plata, en 1538 (o 1540)— fue designada sucesivamente con los de Charcas, Chuquisaca y Sucre.
(Fuente El Diario)

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Días atrás se recordó su labor pastoral desarrollada a comienzos del siglo XX


. Un beato que vivió y obró en la ciudad


De la Orden de San Agustín, Juan Pérez Rodríguez fue cura párroco y director del colegio San Miguel.
 
 

Pese a que desarrolló su labor pastoral durante más de 13 años en la capital provincial y 27 en el país, la figura de Juan Pérez Rodríguez resulta poco conocida en la región. Nacido en España y perteneciente a la Orden de San Agustín, vivió a principios de siglo en Paraná, en dos etapas: entre 1902 y 1908 fue profesor y procurador de la casa parroquial, y entre 1911 y 1918, director del colegio y cura rector de la Parroquia San Miguel.
Tras un largo proceso que se inició en la década del 50, el 28 de octubre de 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI, junto con otros 497 mártires españoles –98 eran agustinos–, víctimas de la persecución religiosa en 1936. Días atrás se recordó su figura en el histórico templo donde comienza avenida Rivadavia, con motivo de un nuevo aniversario de su llegada a la ciudad.

• Presencia. Un testimonio de la presencia de la Orden de San Agustín es la imagen de Santa Mónica, en la nave derecha del templo. Justamente, los agustinos tomaron posesión de la Parroquia San Miguel un 3 de mayo de 1901, invitados por el entonces obispo local Rosendo Lastra. Al año siguiente, el 7 de marzo de 1902 se inauguró el colegio en un edificio aledaño a la Iglesia. Se ubicó en la actual sede del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Antonio Serrano.
Fue Paraná la primera ciudad del país en que desembarcaron los agustinos. Entre los múltiples objetivos pastorales, tenían transformar la escuela parroquial en colegio. “Se habían matriculado 88 alumnos, número algo excesivo para la capacidad del local, por lo que habría que buscar locales más amplios, lo que no iba a ser fácil, dada la oposición de liberales y masones, que desde sus altos cargos públicos, no admitían la existencia de un colegio religioso en la ciudad”, recuerda en un ensayo sobre la vida de Juan Pérez Rodríguez, el también agustino Teófilo Viñas Román, que meses atrás visitó Paraná para investigar la labor del mártir.
Por entonces, en la capital provincial habitaban 36.000 vecinos.
Tras su partida en 1918 hacia Buenos Aires, en 1920 se decidió el cierre de la fundación y el retiro de la Orden Agustiniana de Paraná, decisión que causó a monseñor Abel Bazán “sorpresa, contrariedad y sentimiento” por el “gran elogio para los padres que allí habían trabajado”.

• OTRO. En la década del 30, en España se vivió una fuerte persecución religiosa. En ese período fue asesinado también el lasallano argentino Héctor Valdivieso. Ocurrió durante la llamada Revolución de Asturias, poco antes de la guerra civil española.

• Datos personales. Juan Pérez Rodríguez nació en Andavías, España, el 2 de diciembre de 1877. A los 16 años de edad ingresó al Seminario de Valladolid y se ordenó como sacerdote agustino el 26 de agosto de 1901.
En 1902, un año después que la congregación religiosa se había hecho cargo de San Miguel, llegó a Paraná. Sus primeros seis años transcurrieron entre tareas apostólicas, colaboraciones en revistas y boletines, prédicas evangélicas en la Iglesia y a sus alumnos en clases.
En 1908 fue destinado a Buenos Aires y en 1911 regresó a Paraná, nombrado director del colegio y cura rector de la Parroquia, cargos que ocupó hasta 1918. Posteriormente se lo destinó nuevamente a Buenos Aires. En 1933 pasó a la Residencia de Gijón (España) donde tres años después acontecería el martirio, “testimonio supremo de la verdad de la fe”, según el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ahora, para demostrar su santificación, se deberá probar algún milagro que haya realizado él o alguno de los otros 497 asesinados, ya que se trata de un proceso de beatificación unificado.

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El Parque Urquiza fue el escenario elegido para la difusión del automovilismo

. La Gavea Argentina


La pasión por los fierros en Paraná da cuenta que empezó por la década del '20,
pero la historia certifica que el puntal
para el crecimiento de la disciplina
a nivel nacional se dio en 1935 con el recorrido de las máquinas por el primer circuito parque del país.
Además, una paranaense atrevida y adelantada para la época se subió de acompañante allá por diciembre de 1937.
 
 

El Club de Volantes Entrerrianos ha demostrado año tras año su jerarquía para organizar carreras automovilísticas y eso le valió varios premios a nivel nacional y el reconocimiento del público que masivamente se vuelca al circuito cuando llega a esta región el Turismo Carretera, el TC 2000, Top Race V6 o las categorías provinciales.
Este éxito mucho tiene que ver con la ciudad en sí misma: es que Paraná tuvo en audaces pilotos y visionarios dirigentes las claves para desandar la actividad hace más de 70 años.
La primera carrera automovilística oficial se desarrolló el 20 de abril de 1935. Fue auspiciada por la Comisión Municipal de Turismo, que por ese entonces integraban autoridades y caracterizados vecinos, y tuvo como escenario el Parque Urquiza, que se transformó de esta manera en el primer circuito parque del país. Poco meses habían pasado de la ampliación y remodelación del emblemático sector costero, para que adquiriera su fisonomía actual.
En aquella oportunidad el intendente era Francisco Bertozzi y fueron 32 los automovilistas que mostraron su destreza al volante. Con una prueba eliminatoria previa, la final se la adjudicó el piloto Victorio Cóppoli (Bugatti) con un tiempo de 56'42” a un promedio de 71,696 kilómetros por hora. Fueron 25 las vueltas completadas por la zona de la Danza de la Flecha, la bajada del Rowing y de los Vascos, cuesta de Izaguirre, y el largo de la Costanera, para alcanzar un total de 67,912 kilómetros de una adrenalina distinta, más bien pintoresca que sacó de su letargo al caudaloso río marrón, a las lomadas con su paisaje y a los paranaenses en su descanso. Además de Cóppoli, también participaron Ricardo Carú (Fiat), Victorio Rosa (Fiat), Adriano Malusardi (Ford), Osvaldo Parmiggiani (Ford), Carlos Brosutti (Ford), Eric Forrest Green (Sumbean), el uruguayo Pedro Castro (Ford), Eugenio Zaffaroni (Ford), Armando Vallone (Ford), José Fanto (Chevrolet), Ernesto Tornquist (Alvis), Pacho Culligan (Ford), Orlando Cinalli (Ford T.), Domingo Frigueri (Chevrolet), entre otros.
Poco a poco la actividad fue creciendo y el interés se multiplicó a tal punto que se comenzó a correr en doble jornada, cobrándose entrada, atrayendo a pilotos de otras provincias que buscaban la ansiada consagración y posterior trascendencia. Era la oportunidad propicia para ver a calificados volantes y máquinas en inolvidables espectáculos que se sucedieron hasta el año 1961.

• Con el viento en la cara.
El domingo 26 de diciembre de 1937, Antonio Longo cruzó tercero la meta de la carrera del Parque Urquiza, también denominado La Gavea Argentina, detrás del ganador Víctor Badalini y su escolta Faustino Corbella. Pero su carrera no hubiera trascendido si no fuera porque de acompañante llevó nada más y nada menos que a Emilia C. de Longo, su esposa.
Provista de antiparras que le atajaban el viento y de gorra simil casco para proteger su cabeza y apretar sus cabellos, la refinada señora se sentó al lado de su marido y lo guió sin problemas resultando ser la primera mujer que actuó en una competencia automovilística de importancia, no sólo en Paraná, sino que también en la provincia.
Su acción, según da cuenta un artículo de El Diario, “dio lugar a diversos comentarios, elogiosos en su totalidad, porque ello vino a demostrar el ambiente francamente favorable que existe en esta capital, para la participación de la mujer en todas las actividades del sport, sean ellas de la categoría e importancia que sean”.
Este desempeño le valio un homenaje de parte del Círculo de Periodistas de Paraná que en un acto le entregó una copa instituída especialmente y que una emocionada Emilia recibió ante el aplauso generalizado de los presentes.

• No podía faltar.
Con el título de subcampeón mundial de automovilismo, Juan Manuel Fangio
llegó a Paraná para competir en el circuito del Parque Urquiza. El público apenas supo de su visita se entusiasmó de tal modo que se acercó al puerto a esperar el arribo de la balsa que trasladaba al equipo del piloto de Balcarce, dos máquinas especiales Ferrari, cuatro Maseratti y dos Simca.
Además del Chueco (que participó con una Ferrari 166) estuvieron José Froilán González con un Ferrari similar, Alfredo Pian con Maseratti, Pedro Llano y Roberto Mieres con Simca-Gordini, Adolfo Cruz con un Alfa Romeo 2300, Víctor Rosa con Maseratti y debutó Onofre Marimón también con Maseratti.
La cita fue el fin de semana del 10 al 12 de noviembre de 1950 y Fangio llegó precedido de una fama jamás comparada dentro del deporte nacional del motor, por eso no extrañó que bajo una tenaz lluvia, en la vuelta 10 del circuito se apoderara de la punta y no la dejara hasta el final de las 45 vueltas de recorrido que medía 2.780 metros, relegando en segundo lugar a Froilán González, tercero, Alfredo Pian y cuarto el discípulo del Chueco, Marimón.
Tras la bandera a cuadros la ovación y los aplausos paranaenses regocijaron a los competidores, tanto de la categoría Coches Sport, Mecánica Nacional y los destacos Coches Especiales que hicieron de las jornadas automovilísticas del Parque Urquiza un recuerdo latente que siempre se quiere revivir..

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La última del Chueco en el Turismo Carretera
. Cuando Fangio emocionó a Entre Ríos

Fue en abril de 1948, recorrió dos etapas que totalizaban un recorrido de 1.503 kilómetros sobre caminos de tierra.
La ganó de punta a punta con un tiempo de 12 horas, 20 minutos, 4 segundos.
 
 

Lejos estaban de imaginarse corredores y seguidores del automovilismo por la década del 40, lo que sería en el 2000 la categoría del Turismo Carretera. Televisación, modernos autódromos, súper autos, merchandaising, show de pilotos y helicópteros sobrevolando al multitudinario público.
Menos aún de pensar que el ganador de la Gran Prueba Mecánica Vuelta a Entre Ríos el 25 de abril de 1948, Juan Manuel Fangio, se transformaría después en el múltiple campeón de la Fórmula Uno en 1951, 1954, 1955, 1956 y 1957. Con su coupé Chevrolet 1939, con motor ’46, color rojo dio cátedra por los caminos entrerrianos dejando la polvareda, al registrar un tiempo de 12 horas, 20 minutos, 4 segundos, para recorrer en total los 1.503 kilómetros que deparó la justa organizada por el Club de Volantes Entrerrianos. La primer etapa contempló un recorrido de 641 kilómetros.
Se largó el soleado sábado 24 de abril desde la ciudad de Paraná con llegada a Gualeguaychú. La única sección pavimentada de toda la carrera, serían los escasos primeros 46 kilómetros y justamente, éste sería el único tramo que puntearían los hermanos Gálvez. Juan primero, luego Oscar, ambos con sus Ford. Desde todos los puntos por donde pasaron los corredores, se ofreció el más entusiasta aplauso y en cualquiera rancho a lo largo de la ruta estuvo solícito el criollo más humilde o la mujer más guapa para ayudar a los volantes que por diversas casas debieron quedarse en el camino.
El pueblo entero de Entre Ríos no quiso perderse detalle y los que por diversas causas no pudieron llegarse al lugar de largada o a los lugares de paso, vivieron la competencia y los avatares de los pilotos en la relación radiotelefónica.
Fangio finalizaría la etapa primero, tardando 5 horas 46'15” y a un promedio de 111.071 kilómetros por hora. Segundo llegaría Benedicto Campos a 1' 57” y tercero Oscar Gálvez, a 4' 42” del ganador. El cuarto lugar sería para un debutante, Daimo Bojanich (Ford) a 12’36”. La segunda etapa, contemplaba 862 kilómetros desde Galeguaychú hasta la ciudad de Paraná, rumbeando al norte de la provincia. Partieron 44 máquinas en el regreso y Fangio continuó ganando el segundo día, alejándose más de los perseguidores a medida que transcurría la etapa. Al tiempo que el Chueco de Balcarce marcaba un récord sobre caminos de tierra (de Bovril a Paraná en una distancia de 152 kilómetros hizo una marcha horaria de 141.164 kilómetros), don Mario Mathieu dejaba bien sentado el orgullo entrerriano, ganando en Buenos Aires la Selección Preolímpica y demostrando su extraordinaria marcha ciclística.
Unas 15.000 personas se reunieron en la avenida Almafuerte para esperar la llegada de los aventureros pilotos, encabezados por Fangio que fue el centro de los aplausos. Catorce minutos después, el juninense Eusebio Marcilla también con Chevrolet apareció en la curva de Los Corrales. Mientras que con intervalo de un minuto, accedió a la tercera colocación, el bahiense Eugenio Martínez. En la competencia, los bravos y valientes muchachos entrerrianos que representaban a los distintos departamentos, no tuvieron mayor suerte. El uruguayense Víctor Roude salvó el honor con un meritorio 10° puesto superando a Juan Gálvez, mientras que el victoriense Juan Secco llegó 15°.
Largaron la prueba un total de 86 máquinas, completaron el recorrido sólo 30. Los medios de la época brindaron una extensa cobertura de los hechos. La Acción – Diario de La Mañana, escribió el martes 27 de abril: “Juan Manuel Fangio no necesitaba por cierto de ganar esta prueba en Entre Ríos para señalarlo a la consideración pública pues se trata, quizás, del mejor corredor de tipo de Gran Premio y uno de los ases en fuerza libre, pero conviene decir que ganó como un crack auténtico, sabiendo distribuir sus energías físicas como la capacidad de velocidad de su Chevrolet, de tal suerte que su victoria es doblemente comentada”.
Él no lo sabía, pero está sería su última victoria en la categoría. A partir del año siguiente, se concentraría en su trabajo europeo y esto lo obligaría a abandonar el Turismo Carretera.

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El cómico argentino que conquistó a varias generaciones
. Luis Sandrini dejó su rastro grabado en Paraná

No sólo hizo reír y llorar en las salas paranaenses, sino que también aportó al crecimiento del Teatro 3 de Febrero.
En 1934 llegó por primera vez a la ciudad con Los Tres Berretines; allí comenzó la sucesión de visitas que finalizaron en 1969 cuando se despojó de su escenografía para cederla al patrimonio histórico local.
 
   

Quien no sintió ganas de llorar y reír al mismo tiempo mientras miraba una escena de alguna de las casi 80 películas que filmó durante su trayectoria uno de los actores más emblemáticos del cine, la radio, el teatro y la televisión argentina como fue Luis Sandrini.
Su figura algo desgarbada, sus ojos saltones y una candidez puesta al servicio de las causas perdidas dotaron a sus personajes de un encanto con el que supo cautivar, a lo largo de varias generaciones, a una multitud de admiradores que veían en él al hombre cotidiano. Paraná supo descubrirlo en el amanecer de su éxito cuando en el escenario del Ítalo Argentino se presentó la noche del 12 de julio de 1934 la compañía de Luis Santiago Sandrini Lagomarsino (su verdadero nombre) con Los Tres Berretines.
Cuando llegó a la capital provincial esta obra llevaba 1.154 representaciones de éxito firme y continuado con la película del mismo nombre. El celebrado cómico llegó acompañado de capacitados intérpretes (da cuenta El Diario de aquella fecha) como eran: Agustín Barrios, Máximo Moyano, Santiago Sandrini, María T. Borda, Margarita Polleri, Hebe Giménez, Ketty Carreras, Ángel Prio, Silvio Foscaldi, Héctor Ferraro, Pedro Savoia, José Pelleri y Julio Montalvo. A sala llena, el público paranaense se deleitó con Eusebio el personaje que compuso en 1933 para la pieza teatral de Arnaldo Malfatti y Nicolás de las Llanderas y que posteriormente lo consagró como una de las figuras contemporáneas más populares y queridas de la Argentina. Los Tres Berretines hacía referencia al tango, el fútbol y el cine retratando postales de la época como lo eran el barrio, la amistad, la familia, el boliche, los muchachos, la jovencita a conquistar y la mezcla de rasgos culturales.
Ese personaje de tartamudeo ingenuo y bonachón lo transformó en la primera estrella del cine local, que salió al mercado con la Sociedad Anónima Radio Cinematográfica Lumiton, empresa creada por Enrique T. Susini, César José Guerrico y Luis J . Romero Carranza, nombres que desde años atrás, estaban asociados con la primera transmisión radial argentina y con la red sonora denominada Vía Radiar. ”Con un capital de 300.000 pesos, los responsables de los estudios Lumiton estaban muy ansiosos por comenzar la tarea fílmica y eligieron como primer paso un gran éxito teatral de ese momento, Los tres berretines, y a Luis Sandrini, un joven actor que se había consagrado en el teatro con esa pieza, a quien contrataron para el personaje central del film. La película costó 18.000 pesos y rindió más de un millón a su productora, y lo que le dio fuerza popular fue la enorme atracción de Sandrini, cuyo trabajo fue retribuido con 500 pesos y la peluca que usó en el film”, recordó Clarín.
El 15 de abril de 1935 el Diario El Tiempo de Paraná informó que la Compañía Argentina de Comedias y Sainetes de Cordero y Sandrini se presentaban el 16 de abril con el debut de la obra Riachuelo en el Select de Paraná. Según da cuenta el periódico, “además de un sainete corto titulado Arroyo pasó en el mar tres horas sin respirar, se estrenará para nuestra ciudad Riachuelo, versión teatral original de Medrero y Drinisan en la que Sandrini se luce ampliamente y consigue efectos fulminantes de hilaridad”. El reparto incluyó a figuras como Chela Cordero, Chita Foras, María Ricard, Laila González, Roberto Ratti, Máximo Moyano y muchos más. El valor de las localidades numeradas fueron Platea 1,50 pesos y tertulia 80 centavos.
Luego de una nueva visita en 1936, pasaron 30 años para que el artista regrese a la Ciudad Paisaje. Y su reaparición fue un 6 de septiembre de 1969 en el hoy casi centenario Teatro 3 de Febrero junto a su gran amigo y compañero de rubro, Ángel Magaña y el elenco de Así es la Vida. El Diario llenó de elogios la figura de Sandrini, escribiendo en su anuncio: “Arquetipo de la comicidad nacional en que palpitan la gracia, el colorido y el corazó popular, ingenuo y melodramático a veces, feliz en la humildad, altivo ante la hipocresía y dueño de una verba ingeniosa y rápida, siempre pudo graduar a voluntad la emoción del espectador creando personajes de profundo contenido humano que se afincaron en el sentir del pueblo”. Posteriormente a la presentación de esa noche, el matutino resaltó: “Los actores realizaron una excelente versión de esta pieza representativa de la vida argentina de comienzos de siglo. Los titulares del rubro y los artistas que completan el elenco cumplieron una notable labor interpretativa, infundiendo verdadero contenido humano a los distintos personajes de esta comedia”.
Y seguramente los aplausos del público, cada rincón del pintoresco teatro construido en 1908 y la magia de la noche conspiraron para que Sandrini decidiera contribuir con el crecimiento del coliseo paranaense y le donara la escenografía que utilizó durante dos noches para que otras obras hicieran su trabajo con ellas como decorado. Tal acción tuvo su reconocimiento y hoy el 3 de Febrero cuenta con una pequeña sala que se la utiliza como lugar de ensayo, para dictar cursos o para espectáculos informales que lleva el nombre el popular comediante y tanto el centenario coliseo como el Museo de la Ciudad cobijan como tesoros invaluables el juego de living, comedor y dormitorio que Luis Sandrini dejó como prueba de su gran corazón que nunca ocultó, ni aún en escena.
•Trayectoria
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Luis Sandrini trabajó con todos los actores y directores de renombre de la época. Un hito singular en su carrera fue "Chingolo" (1940), primer obra de importancia en la filmografía de Lucas Demare. En 1948 protagonizó "Don Juan Tenorio" y "Juan Globo". En la década del '50 trabajó en la obra de teatro "Cuando los duendes cazan perdices" y en la película "Payaso". En 1962 integró el elenco multiestelar de "La cigarra no es un bicho", de Daniel Tinayre, encarnando el personaje de "Serafín". En la década del '70 empezó una saga de films, empezando por "El profesor hippie" (1969), "El profesor patagónico" y "El profesor tirabombas". Luego venieron los clásicos de Enrique Carrera como "Los chicos crecen" (1974) y "Así es la vida" (1976). Sus últimas películas fueron dirigidas por Ramón Palito Ortega: "El diablo metió la cola", "La familia está de fiesta" y "Que linda es mi familia".

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. La Meca del sóftbol nacional

Su práctica en los niveles escolares comenzó en la década del ’50 y su inserción en clubes fue por los ’60.
Desde “el juego del gorrión”, hasta la organización del primer campeonato nacional en 1968 y el inicio de la mística triunfadora en 1971.
 
 

Determinados hechos suelen torcer la historia y son claves para el inicio de una nueva etapa. Son emblemáticos y con el tiempo, constituyen la base de una mística. Paraná es considerada la Capital Nacional del Sóftbol y para llegar a esa cúspide, muchas cosas debieron ocurrir. Si bien no había sido la primer localidad en el país en desarrollar la actividad (de la que fueron pioneros Bahía Blanca y Capital Federal), fueron las ganas, el entusiasmo y la dedicación de aquellos alumnos de nivel primario y secundario de las décadas del ’50 y ‘60 (que luego serían las grandes figuras de ese deporte local) las que empujaron su crecimiento. También acompañó esta evolución la difusión del “juego del gorrión” –sóftbol en las calles de la ciudad, con un palo de escoba como bate y una pelota de trapo- en los barrios y luego, el esfuerzo asociativo en clubes.
Hasta que en 1968 llegó la organización del V Campeonato Argentino de la disciplina, la primera en la capital provincial. Ese acontecimiento provocó una verdadera “explosión” con la proliferación de nuevos clubes y más adeptos. Y finalmente, la mística triunfadora en todas las categorías y niveles a partir del certamen de 1971 en Bahía Blanca. Desde entonces, el mote de Capital Nacional de Sóftbol tiene sólidos argumentos refrendados cada año en éxitos deportivos, y calidad y cantidad de jugadores.
Con una mirada retrospectiva, Eduardo Sabaté -ex presidente de la Asociación Paranaense de Sóftbol y actual entrenador nacional de juveniles- recordó junto a Relatos el entusiasmo de los alumnos al iniciar esta práctica deportiva, incorporada en la currícula escolar durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón (1951-1955). “Por entonces –contó– los profesores Vera, Malmiarca, Godoy, Bermelet y Romero comenzaron su enseñanza en los colegios Nacional, Industrial, Normal y Comercio”. El posterior egreso escolar de aquellos estudiantes llevó a que los clubes abrieran sus puertas al nuevo deporte. Sóftbol Play dio el puntapié por los años 1962 y 1963, lo siguieron La Pluma, Tecnológica (de la UTN), Centro de Estudiantes de Ingeniería de Paraná (CEIP), El Ceibo y Estudiantes. Ya en los ’70 se sumaron Belgrano, Don Bosco, Echagüe, Patronato y posteriormente, mientras algunos desaparecían otros asomaron, como Talleres, ATSA o Paracao.
• Locales. El “amplio predicamento” de este deporte se fortaleció con la organización del V Certamen nacional. En los “fields” de los clubes Belgrano y Estudiantes, los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre, Bahía Blanca ratificó su supremacía al obtener el cetro, seguido por Capital Federal –a quien derrotó en la final por 14 corridas a 2–; La Pampa, Santa Fe, Tucumán. Paraná alcanzó la sexta ubicación –cayó en el partido por el quinto puesto ante Tucumán, por 8 a 5– y por debajo de ella siguieron San Luis y Mendoza.
El plantel paranaense estuvo compuesto por Roque Heiss (capitán), Conrado Cargnell, Jorge Godoy, Juan Acebal, Juan Livrizzi, Miguel y Jorge Pressenda, Enrique Acuña, Horacio San Román, Carlos Ribles, Ricardo Sáenz, Andrés Meglio, Juan Pérez, Rubén Galeano y Víctor Busón.
• El quiebre. La supremacía de Bahía Blanca concluirá justamente en un campeonato argentino desarrollada en esa localidad sureña, momento en que se gesta la mística paranaense. En octubre de 1971, Paraná logra su primer campeonato argentino, dejando en el camino con un histórico 9 a 8 a los locales. La alineación titular en ese cotejo fue: Armando Montero, Eduardo Jatón, César Montero, Daniel Yañez, Antonio Medrano, J Livrizzi, Roque Heiss, Gustavo Piérola, Daniel Macorig. “Perdía 8 a 0 y se dio vuelta”, recordó Sabaté. En aquel partido, los tres primeros períodos se desarrollaron sin abrir la cuenta. Pero en el cuarto hubo cinco corridas a favor de los bahienses, otras dos en el quinto, en el sexto período otra carrera. La crónica de El Diario reseñaba: “Para muchos, en ese momento el partido estaba definido a favor de nuestros rivales. Solamente faltaba un período y medio, es decir, Paraná debía atacar en dos oportunidades y Bahía Blanca, sólo en una. Las tribunas estaban en silencio con respecto al aliento a los entrerrianos, en tanto los locales entonaban las canciones de triunfo. Ese marco no afectó en absoluto a los jugadores de Paraná, sabían que el pitcher rival había comenzado a cansarse. Comenzaron a esperarlo y ganar bases por malas. En esta forma se ganan dos sucesivas; con un palo bajo se gana la tercera. Por malas, Livrizzi es empujado a ganar la primer carrera. Un muy buen bateo de Macorig permite tres entradas y eleva la cuenta paranaense a cuatro. Con un 8 a 4 finaliza el sexto período. Bahía Blanca no pudo aumentar y a su turno, Paraná repitió la anterior etapa: dos bases por malas y dos oportunos bateos permiten llegar al diamante y obtener una carrera. Va al bate Macorig y con tres hombres en base y ninguno afuera: logra tres carreras y su ubicación en tercera base. Finalmente su llegada catapulta la victoria”.
En definitiva, las carreras del histórico triunfo fueron Antonio Medrano 1, Juan Livrizzi 2, Roque Heiss 2, Gustavo Pierola 2 y Daniel Macorig 2. Luego sólo hubo que ratificar ese nivel: en la ronda final derrotó a Santiago del Estero y La Pampa, por 4 a 0 y 7 a 0. Y 3 a 2 con Capital Federal, que permitió obtener el campeonato cuando aún restaba otro partido, contra La Plata, a quien igualmente derrota “con el banco”, por 17 a 7.
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A diferencia del fútbol, basquet, hockey, voley o rugby, el sótbol se disputa sin que los equipos actúen simultáneamente en el campo de juego. Uno defiende mientras otro trata de anular los ataques (bateadores o corredores de base). Hay siete tiempos para que cada equipo defienda y ataque.

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•Efeméride. En cotejo amistoso con numerosa concurrencia, el 9 de octubre de 1968 Boca Juniors vence a Patronato 2 a 0, con goles de Madurga y Suñé.
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